El gobernador de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, optó por un movimiento drástico tras el desgaste político que dejó la consulta de revocación de mandato: pidió la renuncia a todo su Gabinete legal y ampliado para redefinir el rumbo de su administración.

La decisión llega dos semanas después del referéndum del 25 de enero, en el que si bien la mayoría votó por su permanencia, más de 357 mil sufragios exigieron el fin de su mandato por “pérdida de confianza”, una cifra que encendió alertas en el corazón del Gobierno estatal.

Jara, quien asumió la gubernatura en 2022 y se convirtió en el primer mandatario estatal en someterse a una consulta de revocación, confirmó que el próximo 18 de febrero anunciará el relanzamiento de su Administración, que incluirá cambios en secretarías, organismos públicos y una reorientación de políticas públicas.

De acuerdo con fuentes estatales, sobre su escritorio ya se encuentran las renuncias de los titulares de 16 secretarías y 32 entidades públicas. El ajuste no será únicamente de nombres, sino también de estrategias.

El gobernador reconoció que, aunque la llamada “primavera oaxaqueña” mantiene respaldo mayoritario, con más de 550 mil votos a favor de su continuidad, el 38% de participación en contra representa un mensaje político que no puede ignorarse.

La participación ciudadana rondó el millón de votos, equivalente a una tercera parte del padrón electoral estatal, aunque sin alcanzar los umbrales legales necesarios para revocar el mandato.

El mapa electoral dejó contrastes claros. Mientras en Oaxaca de Juárez y municipios conurbados como Santa Lucía del Camino, Villa de Etla e Ixtlán de Juárez predominó el voto por la salida del gobernador, regiones como la Sierra Sur, la Costa, el Papaloapan y gran parte del Istmo respaldaron su permanencia.

El rediseño del gabinete no solo será técnico, sino político: deberá equilibrar liderazgos de las siete regiones del estado, donde el voto se comportó de manera diferenciada.

Además, Jara adelantó que revisará posiciones ocupadas por familiares señalados por presunto nepotismo, un tema que tomó fuerza durante la campaña de la consulta y que fue utilizado por sus opositores como bandera de crítica.

La consulta también exhibió la fractura entre Morena y el Partido del Trabajo (PT) en Oaxaca. Dirigentes estatales petistas promovieron abiertamente el voto por la revocación y denunciaron supuestas irregularidades como compra de voto y acarreo.

El líder estatal del PT, Benjamín Robles, inició una gira en municipios bajo el argumento de defender la voluntad popular y ha insistido en que el gobernador debería dejar el cargo, aun cuando no se cumplieron los requisitos legales: más del 40% de participación y mayoría absoluta por la revocación.

El choque local ocurre en un contexto nacional donde Morena, PT y Partido Verde intentan proyectar unidad rumbo a las elecciones de 2027, pese a diferencias visibles en temas como la reforma electoral federal y disputas en procesos estatales.

Más que un cambio de gabinete

El anuncio del relevo total del equipo no sólo busca contener el desgaste político, sino reposicionar al Gobierno de Oaxaca en la segunda mitad del sexenio. La apuesta es clara: transformar una victoria ajustada en una oportunidad de recomposición.

Sin embargo, el mensaje que dejaron las urnas permanece: aunque Jara retuvo el cargo, el volumen del voto opositor marcó un precedente inédito en la política estatal y obligó a un gobernador en funciones a someterse a un escrutinio interno total.

El próximo 18 de febrero se conocerá si el relevo es simplemente administrativo o si representa un verdadero golpe de timón en la política oaxaqueña.