A poco más de un año y medio en la Presidencia, Claudia Sheinbaum ha comenzado a reordenar los liderazgos heredados del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, en un movimiento que apunta a consolidar su propio proyecto político y a reducir las tensiones internas dentro de Morena.
La llegada de Sheinbaum al poder, respaldada por una victoria electoral contundente, implicó también el arrastre de acuerdos políticos gestados durante la sucesión presidencial. López Obrador impulsó una estrategia de conciliación interna: quienes perdieron la contienda por la candidatura serían incorporados a posiciones clave en el gabinete o en el Congreso. Sin embargo, esa herencia, habitual en la tradición política mexicana, se volvió particularmente incómoda en un partido tan amplio y heterogéneo como Morena.
Figuras como Adán Augusto López, Ricardo Monreal o Alejandro Gertz Manero, con trayectorias forjadas desde el priismo, mantuvieron márgenes amplios de autonomía y, en distintos momentos, mostraron agendas propias que no siempre coincidieron con las prioridades de la presidenta.
En ese contexto, Sheinbaum ha dado pasos firmes para redefinir el mando, comenzando por dos movimientos estratégicos: la salida del fiscal general de la República y el relevo en la coordinación de la bancada morenista en el Senado.
La salida de Alejandro Gertz Manero, primer fiscal general tras la reforma que buscó dotar de autonomía a la institución, se produjo pese a que aún le restaban más de dos años en el cargo. De acuerdo con versiones políticas, solo la presión directa de la presidenta permitió una salida negociada, que culminó con su designación como embajador de México en el Reino Unido.
A sus 86 años, Gertz deja una gestión marcada por controversias recurrentes, expedientes atorados, filtraciones internas y conflictos dentro de la propia Fiscalía. El episodio que precipitó su salida fue la polémica en torno al caso Miss Universo, que expuso presuntos actos de corrupción vinculados a actores de alto perfil, detonando una crisis que terminó por debilitar su permanencia.
La designación de Ernestina Godoy, aliada cercana y figura clave del círculo político de Sheinbaum, fue leída como un golpe de autoridad y como la decisión más audaz hasta ahora para retomar el control del aparato de justicia.

Adán Augusto y el desgaste político
Más compleja resultó la salida de Adán Augusto López de la coordinación morenista en el Senado. Amigo personal del expresidente y exsecretario de Gobernación, su figura se convirtió en un foco constante de desgaste para el oficialismo.
A los señalamientos por presuntos vínculos indirectos con el crimen organizado en Tabasco, se sumaron cuestionamientos por ingresos no reportados en su declaración patrimonial y, finalmente, por su desempeño como operador político. Hace apenas unas semanas, el Partido Verde, aliado estratégico de Morena, lo acusó de ser uno de los principales obstáculos para destrabar la reforma electoral, una de las prioridades del gobierno federal.
Para analistas, ese señalamiento fue decisivo. El politólogo Khemvirg Puente, de la UNAM, advierte que cuando un coordinador parlamentario pierde reconocimiento como interlocutor, incluso entre sus propios aliados, su ciclo político se agota.
El nombramiento de Ignacio Mier como nuevo coordinador en el Senado refuerza el viraje impulsado desde Palacio Nacional. Con amplia experiencia legislativa y reconocimiento entre distintas fuerzas políticas, Mier representa un perfil más dialogante, alejado del estilo confrontacional de su antecesor.
Puente subraya que, aunque no pertenece al círculo íntimo de la presidenta, es un operador parlamentario probado, con mayor capacidad para construir acuerdos en un momento clave para la agenda legislativa.

Presiones externas y cálculo electoral
Estos ajustes se producen en un contexto marcado por presiones desde Estados Unidos, especialmente ante el eventual retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, y por la cercanía de las elecciones intermedias de 2027, donde Morena buscará refrendar su mayoría en el Congreso.
En ese escenario, la presidenta necesita resultados visibles, particularmente en materia de seguridad y gobernabilidad, áreas que han estado bajo constante escrutinio nacional e internacional.
Aunque los relevos no están exentos de costos políticos, los especialistas coinciden en que Sheinbaum ha entrado en una nueva fase de su gobierno. “Se pasa de administrar la herencia de López Obrador a consolidar un proyecto propio”, resume Puente, aunque advierte que los movimientos también evidencian que la cohesión interna de Morena sigue siendo frágil.
Entre los liderazgos heredados que permanecen, Marcelo Ebrard destaca como el mejor adaptado al nuevo equilibrio. Tras disputar la candidatura presidencial, hoy es uno de los aliados estratégicos de Sheinbaum desde la Secretaría de Economía. En contraste, Ricardo Monreal parece anticipar su desgaste: “Tengo lista mi renuncia. No me aferro al cargo”, declaró recientemente.
Con estos movimientos, la presidenta marca distancia del obradorismo sin romperlo, redefine las jerarquías internas y envía un mensaje claro: el poder ya no se hereda, se ejerce.