Mientras el Gobierno capitalino impulsa nuevas piezas en el corredor de Paseo de la Reforma con el proyecto “Paseo de las Ancestras”, en el bosque de Chapultepec una imagen contrasta con ese discurso cultural: la estatua del expresidente Felipe Calderón permanece tirada en el suelo en la Calzada de los Presidentes, en el Complejo Cultural Los Pinos.
La escultura, que forma parte del acervo histórico del recinto administrado por la Secretaría de Cultura federal, cayó el 25 de julio de 2025 luego de que un árbol se desplomara sobre su basamento. En aquel momento, la autoridad informó que sería retirada para su restauración y posteriormente reinstalada.
Sin embargo, meses después, la pieza reaparece en el mismo sitio, recostada sobre la tierra, con daños visibles y basura a su alrededor, sin que exista una explicación pública sobre su estatus definitivo.
Tras la caída, la escultura permaneció algunos días cubierta con una bolsa de plástico negra, al lado de su pedestal dañado. El 30 de julio se confirmó que había sido retirada para someterla a procesos de restauración.
La directora del Complejo Cultural Los Pinos, Elisa Lemus Cano, aseguró entonces que la estatua volvería a su sitio original al tratarse de una pieza integrada al patrimonio escultórico del lugar.
No obstante, después de varios meses sin información oficial sobre su paradero, el 28 de noviembre se documentó que la figura había regresado al espacio público, pero no a su pedestal: estaba nuevamente en el suelo, junto al basamento que aún muestra huellas del impacto.

En un recorrido reciente se constató que la pieza continúa tirada, sin señalización ni trabajos visibles de restauración en curso. La Secretaría de Cultura fue consultada sobre las razones de su permanencia en esas condiciones, pero no emitió respuesta.
El caso de la escultura de Calderón no fue abordado en 2025 por el Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos de la Ciudad de México, instancia encargada de analizar intervenciones y reubicaciones en el espacio urbano.
En contraste, ese mismo órgano discutió en diversas ocasiones el destino del “Monumento Encuentro”, integrado por las estatuas de Ernesto “Che” Guevara y Fidel Castro, retiradas en julio pasado de un parque en la colonia Tabacalera por la alcaldía Cuauhtémoc. Hasta diciembre, el paradero de esas piezas era reportado como desconocido.
La escena en Los Pinos reabre el debate sobre el tratamiento del patrimonio escultórico ligado a figuras políticas contemporáneas. En un país donde los monumentos suelen convertirse en campo de disputa simbólica, la permanencia de la estatua de Calderón en el suelo —sin una postura institucional clara— proyecta una imagen de indefinición.
Mientras la ciudad amplía su narrativa histórica con nuevos proyectos escultóricos, en la Calzada de los Presidentes permanece una figura caída que, más allá de filias y fobias partidistas, forma parte de la cronología presidencial mexicana.
Por ahora, la estatua sigue sin pedestal y sin fecha pública para su reinstalación, convertida en una postal incómoda dentro de uno de los espacios culturales más emblemáticos del país.