Las alertas de seguridad emitidas por Estados Unidos hacia México ya no se limitan a advertencias genéricas sobre violencia. Durante el segundo mandato de Donald Trump, estos avisos han comenzado a dibujar un mapa más complejo que combina crimen organizado, riesgos específicos para ciudadanos estadounidenses y, por primera vez con mayor claridad, tensiones sociales y políticas.
Desde el 20 de enero de 2025, Washington ha lanzado 11 alertas de seguridad que colocan en el centro de su preocupación a Tamaulipas, Nuevo León y Baja California, aunque el alcance va más allá del norte del país. Los documentos de la Oficina de Asuntos Consulares del Departamento de Estado reflejan una lectura estratégica del territorio mexicano, donde la seguridad se cruza con intereses comerciales, migratorios y diplomáticos.
Tamaulipas encabeza la lista de advertencias, con cuatro alertas que van desde la recomendación de “no viajar” hasta llamados a extremar precauciones ante la posible presencia de artefactos explosivos improvisados. Municipios como Reynosa, Río Bravo, Valle Hermoso y San Fernando aparecen reiteradamente en los reportes, asociados a tiroteos, secuestros y ataques directos a autoridades.
Uno de los elementos que más ha llamado la atención de EU es el uso creciente de explosivos por parte de grupos criminales, un fenómeno que eleva el nivel de riesgo para la movilidad y las operaciones en la franja fronteriza. A ello se suman episodios de violencia en Nuevo Laredo, que han derivado incluso en recomendaciones de “refugio en el hogar”.

El noreste, bajo lupa por comercio y tránsito
Las alertas se extienden a Nuevo León, particularmente a carreteras estratégicas como la 85D y la autopista Monterrey–Reynosa, donde se advierte sobre robos y desapariciones. Para analistas, el énfasis en esta región no es casual: se trata de un corredor clave para el comercio y el tránsito entre ambos países.
David Saucedo, especialista en seguridad pública, considera que estas advertencias funcionan como instrumentos de presión dentro de una agenda más amplia. “La seguridad queda en segundo plano frente a intereses económicos y comerciales”, señala, al sostener que el objetivo es también desincentivar el turismo y condicionar negociaciones en temas como migración y narcotráfico.
En contraste, Arturo Santa Cruz, director del Centro de Estudios de América del Norte de la UdeG, advierte que las alertas han perdido impacto real. A su juicio, no han logrado frenar de manera significativa el flujo de turistas estadounidenses, incluso hacia zonas catalogadas como de alto riesgo.
Otro giro relevante es la inclusión de destinos turísticos del Pacífico en las advertencias. Baja California Sur, particularmente Los Cabos y La Paz, fue señalada por una escalada de hechos violentos que incluyeron tiroteos, quema de autobuses y amenazas de cárteles contra autoridades. El mensaje es claro: la violencia ya no se percibe como un fenómeno aislado de las zonas tradicionalmente conflictivas.
A ello se suman alertas específicas, como la emitida para Puerto Vallarta y Nuevo Nayarit, donde EU pidió a sus ciudadanos extremar precauciones al usar aplicaciones de citas, tras reportes de secuestros y extorsiones. Este tipo de avisos muestra una diversificación de los riesgos y un seguimiento más puntual de patrones delictivos.
Mientras el norte concentra alertas por violencia criminal, la Ciudad de México aparece en los reportes por un motivo distinto: el descontento social. Dos alertas recientes se enfocaron en protestas y manifestaciones, particularmente las derivadas de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro.
Para Washington, estas movilizaciones representan un riesgo operativo más que criminal, al afectar la movilidad y generar escenarios de tensión frente a instalaciones diplomáticas. Pía Taracena, académica de la Universidad Iberoamericana, explica que elevar el nivel de alerta busca disuadir viajes ante la posibilidad de agresiones o disturbios, aunque aclara que el trasfondo sigue siendo la seguridad general.
Un nuevo lenguaje de presión
En conjunto, las alertas reflejan un cambio de enfoque: Estados Unidos observa a México no solo como un territorio con problemas de violencia, sino como un espacio donde convergen conflictos sociales, intereses económicos y disputas geopolíticas. Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum ha descartado una intervención militar estadounidense, el mensaje de Washington apunta a una estrategia de presión constante.
Para los especialistas, México enfrenta un periodo en el que su soberanía será puesta a prueba a través de advertencias, condicionamientos y narrativas de riesgo, en un tablero donde la seguridad es solo una pieza más de una relación bilateral cada vez más tensa y multifacética.