En medio de acusaciones de traición, tensiones internas y reglas partidistas más estrictas, la alianza entre Morena, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) comienza a mostrar grietas de cara a las elecciones de 2027. Aunque a nivel nacional las dirigencias han reiterado su intención de mantenerse unidas, en lo local ya se perfilan escenarios de ruptura en al menos dos entidades clave: San Luis Potosí y Baja California.

Las diferencias surgen en un contexto donde estarán en juego 17 gubernaturas, lo que convierte cualquier fractura en un riesgo político relevante para el bloque oficialista. A pesar del acuerdo firmado a inicios de año para sostener la coalición rumbo a 2027 y 2030, las disputas internas evidencian que la unidad no está garantizada en todos los territorios.

En San Luis Potosí, el conflicto gira en torno a la aplicación del candado anti-nepotismo impulsado por Morena, el cual impediría que familiares directos de gobernantes en funciones compitan por el mismo cargo. Esta medida afecta directamente a la senadora Ruth González Silva, esposa del actual gobernador Ricardo Gallardo, ambos del PVEM. Mientras el Verde la perfila como su carta fuerte, Morena ha sido tajante: no habrá excepciones, lo que ha provocado un abierto desencuentro entre ambas fuerzas.

El senador Manuel Velasco ha advertido que el Partido Verde podría competir en solitario en la entidad, recordando que han ganado posiciones sin necesidad de la coalición. La postura fue respondida por la dirigencia nacional de Morena, encabezada por Luisa María Alcalde, quien dejó claro que si el PVEM insiste en postular a González Silva, la alianza simplemente no se concretará. Las declaraciones han escalado el conflicto, con liderazgos locales del Verde calificando la postura morenista como “frívola y arrogante”.

Por otro lado, en Baja California, la posible ruptura involucra al PT y tiene su origen en un prolongado enfrentamiento político entre el exgobernador Jaime Bonilla y la actual mandataria Marina del Pilar Ávila Olmeda, ambos surgidos de Morena.

Las acusaciones mutuas, que incluyen señalamientos de corrupción y presuntos vínculos con el crimen organizado, han tensado la relación entre los partidos. Tras la salida de Bonilla de Morena y su incorporación al PT, el conflicto se ha trasladado al terreno partidista, donde ya se advierte que una alianza en 2027 “es muy difícil”, según voceros locales.

Así, mientras en el discurso nacional prevalece la unidad, en los estados comienzan a definirse batallas propias que podrían reconfigurar el mapa político rumbo a 2027. Las decisiones que tomen los partidos en estos territorios no solo marcarán el futuro de la coalición, sino también el equilibrio de poder en las próximas elecciones.