Las responsabilidades de cuidado continúan siendo un factor que frena la movilidad social y profundiza la brecha de género en México, según un informe del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). El estudio advierte que el tiempo destinado a atender a niños, personas mayores o con discapacidad reduce las oportunidades de estudiar o trabajar, una carga que recae principalmente en las mujeres.
El reporte “Movilidad social y cuidados, un vínculo inseparable” señala que en el país las oportunidades para mejorar la condición económica están fuertemente condicionadas por el origen: cinco de cada diez personas que nacen en hogares con menos recursos permanecen en esa misma situación en la vida adulta. Cuando las personas asumen labores de cuidado, estas desigualdades se intensifican por la reducción del tiempo disponible para educación o empleo.
El análisis muestra además la reproducción intergeneracional del trabajo de cuidados. El 37 % de las mujeres cuyas madres realizaban cuidados no remunerados termina asumiendo esa misma responsabilidad, mientras que entre los hombres la proporción apenas alcanza 0.4 %. Aunque 63 % de las hijas de cuidadoras logra incorporarse al mercado laboral, lo hace principalmente en empleos manuales de baja calificación o en el comercio.

Las tareas de cuidado también influyen en la educación. El 42 % de las personas cuidadoras no logra superar el nivel educativo de sus padres, que suele ser de primaria o menos; entre quienes no realizan estas labores, la proporción baja a 35 %, lo que evidencia cómo estas responsabilidades limitan las trayectorias educativas y laborales.
El CEEY subraya que los servicios de cuidados pueden convertirse en una herramienta clave para reducir desigualdades, al liberar tiempo para que las personas cuidadoras estudien o se integren al mercado laboral. Además, advierte que estas infraestructuras generan empleo y mejoran la salud al disminuir el estrés asociado a las tareas domésticas no remuneradas.
El informe concluye que al menos el 44 % de la desigualdad en los ingresos se explica por circunstancias de origen, entre ellas el hecho de ser cuidadora. La presencia de clínicas, centros de atención a adultos mayores o espacios de capacitación laboral incrementa significativamente la probabilidad de salir de la pobreza, lo que evidencia que las políticas de cuidado son también políticas de movilidad social.