El Senado avaló por unanimidad la reforma constitucional que reduce de 48 a 40 horas la jornada laboral semanal en México. La medida, presentada por el bloque oficialista como parte de una “primavera laboral”, fue respaldada con 121 votos de todas las bancadas. Sin embargo, el dictamen introduce cambios que han encendido alertas: amplía el umbral de horas extra antes de que se paguen al triple y no garantiza dos días obligatorios de descanso.
La reducción será gradual hasta 2030, según lo aprobado. En contraste, la modificación al esquema de horas extra no contempla transición. Actualmente, después de nueve horas adicionales, el empleador debe pagar un 200% más por cada hora. Con la reforma, ese pago se activará hasta que se acumulen 13 horas extra semanales.
Para críticos dentro del propio Senado, el rediseño altera el equilibrio original de la propuesta. La priista Mely Romero Celis sintetizó la objeción durante el debate: “se incrementa la carga laboral inmediata, pero se diluye la protección salarial que hoy existe”. Su reserva para que cualquier cambio en horas extra siguiera la misma gradualidad que la reducción de jornada fue rechazada.
Aunque hubo cuestionamientos en tribuna, ninguno de los grupos parlamentarios rompió la unanimidad. La vicecoordinadora del PT, Geovanna Bañuelos, anticipó el desenlace: el dictamen se votaría en bloque. Así ocurrió.
El coordinador de Movimiento Ciudadano, Clemente Castañeda, advirtió que el espíritu de eliminar un día laboral efectivo por semana se desdibuja si las horas extra se vuelven más accesibles para el empleador. “Se abaratan las horas extras”, insistió. A su juicio, el incentivo podría ser prolongar jornadas más allá de las 40 horas en lugar de compactarlas.
Desde el PRI, Cristina Ruiz Sandoval bautizó la iniciativa como “la reforma del cansancio”. En tribuna enumeró lo que, dijo, no cambia con la redacción actual: “seis traslados, seis camiones, seis días fuera de casa”.
El panista Marko Cortés pidió que la entrada en vigor fuera inmediata y no hasta 2030, pero confirmó el voto a favor de su bancada, al considerar que se trata de “una justicia a medias”.
Uno de los puntos más debatidos fue la ausencia de una cláusula que obligue a conceder dos días de descanso semanales. El secretario del Trabajo, Marath Bolaños, y legisladores del bloque oficialista defendieron que el tema quede sujeto a acuerdos entre empleadores y trabajadores.
El senador del Partido Verde, Luis Alfonso Silva Romo, apeló a una lógica aritmética: ocho horas por cinco días equivalen a 40. “¿Para qué establecerlo en la Constitución si por la pura matemática queda muy claro?”, planteó.
Esa lectura no convenció a quienes buscaban blindar el descanso en el texto constitucional. Las 18 reservas presentadas para modificar el dictamen fueron desechadas. Morena retiró las propias; el PT no propuso cambios.
La sesión concluyó con consignas desde la Mesa Directiva. “¡Viva la primavera laboral!”, exclamó la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo. En un pleno ya semivacío, algunas legisladoras grabaron videos y posaron con carteles para redes sociales.
La reforma fue enviada a la Cámara de Diputados para su revisión. En el discurso público predominó la reducción de la jornada; en los micrófonos se habló menos de la extensión del umbral para pagar horas extra al triple.
México, uno de los países de la OCDE donde más horas se trabajan al año, inicia así una transición hacia la semana de 40 horas. El diseño aprobado, no obstante, deja abierta una pregunta central: si el nuevo marco reducirá efectivamente el tiempo de trabajo o si, en la práctica, desplazará la carga hacia horas adicionales menos costosas para el empleador.