México vuelve a ocupar el primer lugar en una lista incómoda: 17 de sus ciudades aparecen entre las 50 más violentas del mundo, de acuerdo con el informe anual 2025 del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal. Ningún otro país suma tantos municipios en el ranking. Colombia, con ocho, y Ecuador, con menor presencia, quedan detrás.
El dato contrasta con otro matiz: por primera vez desde 2013, solo dos ciudades mexicanas figuran entre las diez más peligrosas del planeta. Se trata de Culiacán, Sinaloa, con una tasa de 103 homicidios por cada 100 mil habitantes (sexto lugar), y Ciudad Obregón, Sonora, con 90 (noveno sitio).
La ciudad más violenta del mundo es Puerto Príncipe, Haití, con más de 197 homicidios por cada 100 mil habitantes. Le siguen Babahoyo, Ecuador (166), y Mandela Bay, Sudáfrica (119). En ese contexto global, América concentra 44 de las 50 ciudades del listado; las seis restantes se ubican en África.
Además de Culiacán y Ciudad Obregón, el informe incluye a Manzanillo, Zamora, Colima, Acapulco, Irapuato, Juárez, Tijuana, Celaya, Cuernavaca, Uruapan, Chilpancingo, Chihuahua, Hermosillo, el Área Metropolitana del Valle de México y León.
El patrón no es nuevo, pero sí persistente: zonas portuarias, corredores fronterizos y regiones con disputa entre grupos criminales reaparecen año tras año. Sin embargo, organizaciones como la Comisión Mexicana de Derechos Humanos subrayan que, aunque el número de ciudades en el ranking sigue siendo alto, muchas registran tasas menores que en años anteriores.
Para José Antonio Ortega, representante del Consejo Ciudadano, la lectura es menos optimista. En declaraciones a EFE, sostuvo que los datos muestran una “gran violencia que no se está resolviendo” y cuestionó la efectividad de la estrategia federal, particularmente en Sinaloa, donde, dijo, la presencia de miles de soldados no ha contenido los homicidios.
El señalamiento adquiere relevancia en un año clave: México será sede de 13 partidos del Mundial de Fútbol en junio y julio. Ortega advierte que si el Estado no logra garantizar seguridad a la población residente, difícilmente podrá hacerlo con la afluencia de visitantes internacionales.
El informe también abre otro frente: la credibilidad estadística. La organización civil denunció una presunta “operación de Estado” para manipular u ocultar cifras reales de homicidio, al señalar inconsistencias entre los datos gubernamentales y los del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
“No están contabilizando adecuadamente a las víctimas del delito de homicidio”, acusó Ortega, quien habló de un intento por mostrar “un mejor país de lo que realmente tenemos”.
La publicación del ranking ocurre apenas un día después de que la presidenta Claudia Sheinbaum destacara una reducción del 42% en homicidios durante sus primeros 16 meses de gobierno. La divergencia entre el discurso oficial y los registros de organizaciones independientes vuelve a colocar la discusión en el terreno de la metodología y la confianza pública.
México no encabeza la lista por la posición de una sola ciudad, sino por la suma de muchas. El dato es menos estridente que en otros años, pero sigue siendo estructural: 17 focos rojos en un país que intenta, sin éxito pleno, cerrar la brecha entre las estadísticas y la vida cotidiana.