Por el Doctor Jorge Alonso

Don Esteban Garaiz falleció a los 91 años. Su trayectoria estuvo marcada por una defensa constante de la democracia, entendida no como formalidad electoral, sino como práctica cotidiana anclada en la autonomía de las instituciones y en la capacidad de la gente para organizarse desde abajo.

Mantuvo una independencia poco frecuente, ajena a cálculos de coyuntura, que le permitió sostener posiciones firmes aun cuando resultaban incómodas para poderes locales y estatales.

A lo largo de décadas, Esteban Garaiz fue un defensor persistente de la autonomía institucional como condición mínima para el quehacer democrático.

Entendía que sin contrapesos reales, reglas claras y respeto a los procesos colectivos, la democracia se vacía de contenido.

Por ello acompañó luchas cívicas orientadas a preservar espacios de decisión pública frente a su captura por intereses particulares, insistiendo en la responsabilidad ética de quienes ocupan cargos y en la vigilancia social como práctica permanente.

Su compromiso con los derechos de los pueblos originarios fue central, con una atención concreta y sostenida al pueblo coca de Mezcala, Jalisco.

No se limitó a la denuncia abstracta: acompañó procesos comunitarios, respaldó la defensa del territorio y del autogobierno, y sostuvo que la democracia debía reconocer la pluralidad histórica y jurídica del país. En Mezcala, su palabra se tradujo en presencia, asesoría y respaldo a la autodeterminación, entendida como derecho vivo y no como concesión administrativa.

Garaiz fue, ante todo, promotor de la organización popular. Apostó por la construcción de capacidades colectivas, por asambleas informadas y por decisiones tomadas desde la base.

Desconfiaba de los liderazgos personalistas y prefería procesos lentos, con acuerdos verificables y responsabilidades compartidas. Su independencia política no fue neutralidad, sino una toma de partido clara por los de abajo y por las formas comunitarias de hacer política.

Su legado queda en prácticas, vínculos y aprendizajes que continúan.

En la defensa de la autonomía, en la exigencia democrática y en el acompañamiento respetuoso a los pueblos originarios, su trayectoria ofrece una referencia ética y política que sigue interpelando al presente.