Andrés Gómez l Politólogo
En Morena Jalisco ya comenzó la guerra. Aunque oficialmente todavía hablan de unidad, territorio, organización y de que “lo más importante es el proyecto”, debajo de la mesa ya se libra otra batalla: la disputa por el control político de Jalisco rumbo al 2027. Y el problema para Morena es que, esta vez, el enemigo no parece estar afuera. Está adentro.
El partido que pretende arrebatarle a Movimiento Ciudadano el Gobierno de Jalisco enfrenta una paradoja: mientras intenta construir una oposición competitiva contra Pablo Lemus y el emecismo, sus propios liderazgos ya comenzaron a disputarse candidaturas, posiciones, territorios y reflectores. Y Guadalajara parece ser el primer campo de batalla.
Carlos Lomelí ya confirmó que buscará la candidatura de Morena para la presidencia municipal de Guadalajara. Pero no está solo. José María Martínez aparece nuevamente en la conversación; Merilyn Gómez Pozos lleva meses construyendo presencia política; y ahora también se menciona al alcalde de Tonalá, Sergio Chávez, además de la posibilidad de que Ricardo Villanueva entre a la contienda. Demasiados jugadores para una sola candidatura.
Y ahí comienza el problema. Porque cuando un partido tiene muchos aspirantes, puede parecer que tiene fortaleza. Pero cuando esos aspirantes empiezan a competir antes de que exista una definición formal, lo que parecía pluralidad puede terminar convirtiéndose en fractura.
La primera señal apareció desde mayo. La propia presidenta estatal de Morena, Érika Pérez García, tuvo que advertir públicamente que quienes aspiraran a un cargo no debían pintar bardas ni colocar espectaculares para promocionar su imagen. La advertencia no llegó al vacío: ya había nombres perfectamente identificables apareciendo en bardas del Área Metropolitana.
Y entonces vino algo todavía más revelador. Merilyn Gómez Pozos reclamó públicamente “piso parejo” dentro del partido. Sin mencionar directamente a Carlos Lomelí, cuestionó que la dirigencia estatal impulsara constantemente a un personaje desde sus conferencias semanales. El contexto hacía evidente la tensión: Lomelí suele acompañar a Érika Pérez en esas apariciones.
Ahí está una de las preguntas que Morena todavía no responde: ¿Quién manda realmente en Morena Jalisco? En el papel existe una presidenta estatal. Pero en la política real también existe un senador que preside el Consejo Estatal del partido, tiene una estructura propia y ya está jugando públicamente por una candidatura. Y esa diferencia entre dirigencia formal y poder político real puede convertirse en uno de los principales problemas de Morena.
No es un asunto menor. Porque si la dirigencia es percibida como parcial hacia determinado aspirante, cualquier encuesta posterior puede ser cuestionada por los demás grupos. Y si la dirigencia intenta mantenerse neutral, tendrá que demostrarlo precisamente frente a quienes ya sienten que existe un favorito.
Mientras tanto, cada grupo comienza a hacer su propio juego. Unos presumen cercanía con Claudia Sheinbaum. Otros reivindican el legado de Andrés Manuel López Obrador. Otros construyen territorio. Otros aparecen en bardas. Otros buscan convertirse en la voz más dura contra Pablo Lemus. Y otros simplemente esperan que la definición nacional les abra una puerta.
El episodio de agosto alrededor de Andy López Beltrán volvió a exhibir esa división. Mientras distintos grupos morenistas se movían alrededor del tema, también quedó expuesta la existencia de sectores políticos que no necesariamente orbitan alrededor de la dirigencia estatal y de Carlos Lomelí.
Y eso es precisamente lo que debería preocupar a Morena. Porque el 2027 no se gana únicamente teniendo buenos candidatos. También se gana consiguiendo que los que pierdan la candidatura trabajen para quien ganó. Ese es el verdadero desafío.
Morena tiene una ventaja enorme: el peso político de la marca a nivel nacional y la presencia de Claudia Sheinbaum en la Presidencia. Pero también tiene una debilidad: cada vez hay más gente que quiere ser quien capitalice esa marca en Jalisco. Y mientras más se acerque la definición de candidaturas, más difícil será mantener a todos sentados en la misma mesa.
La propia dirigencia nacional sabe que este es un problema. En agosto, Morena endureció su discurso interno: las aspiraciones personales no pueden estar por encima del proyecto y ganar una encuesta no necesariamente garantiza una candidatura si el perfil enfrenta otros filtros.
No es casualidad. El partido ya entendió que el verdadero riesgo de 2027 no necesariamente será la oposición. Puede ser el fuego amigo.
Jalisco es especialmente delicado. Aquí Morena no parte desde la comodidad de gobernar el estado. Tiene que enfrentar a un Movimiento Ciudadano que conserva estructura, gobiernos municipales y una narrativa construida durante más de una década. Por eso, si Morena llega dividido a la elección, MC ni siquiera tendrá que hacer demasiado. Bastará con dejar que los morenistas se golpeen entre ellos.
Y hay algo todavía más peligroso para el partido guinda: la pelea por Guadalajara podría ser solamente el primer capítulo. Porque detrás de la alcaldía vienen diputaciones, municipios metropolitanos, candidaturas federales y, sobre todo, la candidatura a gobernador. Cada grupo quiere llegar a esa negociación con la mayor cantidad posible de cartas.
Y en política, cuando todos quieren cobrar antes de saber cuánto dinero hay en la caja, la disputa suele ser inevitable.
Morena todavía tiene tiempo para corregir. Puede construir reglas claras. Puede garantizar piso parejo. Puede transparentar sus encuestas. Puede evitar que la dirigencia sea utilizada como plataforma de promoción personal. Y, sobre todo, puede conseguir que quienes pierdan una candidatura no terminen operando en contra de quien la gane.
Porque si no lo hace, el escenario puede ser bastante sencillo: Morena podría perder Jalisco no porque MC sea invencible, sino porque Morena no consiga ponerse de acuerdo sobre quién quiere ganar.
La elección de 2027 todavía no comienza formalmente. Pero en Morena Jalisco, la guerra ya empezó. Y por ahora, todos parecen estar disparando hacia adentro.